Fluzo Manuel Bartual hace muchas cosas

  • 6
  • 5
  • 4
  • 3
  • 2
  • 1
/ Sin comentarios

Dibujando Sexorama

La semana pasada estuve en el gabinete de cómic organizado por Mireia Pérez en La Central de Callao, y entre todo lo que me llevé estaba esto que aquí veis: un paso a paso de Sexorama, la serie que dibujo cada semana en El Jueves y de la que recientemente he publicado un nuevo libro con Astiberri: Donde caben dos caben tres.

La cosa no tiene mucho misterio. Cuando comencé a dibujar la serie solía empezar abocetando directamente en una página, pero hace ya tiempo que los primeros pasos los doy en el ordenador. Tengo cerca de 20 modelos de página diferentes para Sexorama que la propia serie ha ido definiendo, de modo que una vez tengo claro de qué irá la página y al menos la mitad de sus chistes, decidido en qué modelo encaja mejor y comienzo a trabajar sobre él. Lo primero que hago es colocar los textos en la posición que ocuparán en cada viñeta, calculando bien los espacios para dejar sitio suficiente para el dibujo. Una vez tengo todos los textos, imprimo la página y, con ayuda de una mesa de luz, preparo a lápiz las viñetas, sus respectivos bocadillos y aboceto la página sobre el papel que utilizaré para dibujar y pasar a tinta la página. Por si te lo estás preguntando: dibujo en papel Caballo 109, satinado, y para cada página de Sexorama suelo utilizar dos A4 apaisados porque me resulta más cómodo trabajar así que en un A3.

Hecho esto, dejo a un lado la mesa de luz y paso a tinta los bocadillos y las líneas de las viñetas, con un Edding 1200 y un Edding 1300 respectivamente. Al haber abocetado ya la página he podido comprobar si los bocadillos encajan bien, así que de ser así, me gusta dejar esto a tinta antes de concretar todo el dibujo. Con el lápiz del dibujo listo, entinto con ayuda de un Uni-Ball Eye Fine. Aquí es cuando la gente suele echarse las manos a la cabeza. Efectivamente: no es un rotulador especialmente grueso, de modo que cada línea que hago va repasada hasta conseguir mi trazo habitual. Quien dibuja con tableta gráfica me suele insistir en que abandone el papel y me pase a digital, pero ya paso suficientes horas delante del ordenador como para privarme de los ratos que cambio el teclado y el monitor por mis lápices, mis papeles y mis rotuladores. Además, sé perfectamente que los dibujos no quedarían igual, o al menos no como yo quiero que queden.

Con el entintado listo toca volver al ordenador. Escaneo la página, retoco todo lo que haga falta retocar y relleno los negros del dibujo. La línea negra la dejo con un 100% de negro y un 60% de cyan, que es un buen refuerzo para el negro. Y una vez hecho esto, con los textos de los bocadillos recuperados de cuando comencé a trabajar la página en el ordenador, a colorear. Sobre estas líneas podéis ver un vídeo que ilustra el proceso, no de esta misma página sino de otra que dibujé hace tres o cuatro años. No tengo una paleta de colores creada: mi paleta de colores son todas las páginas que ya he coloreado previamente.

De Sexorama tengo tres libros publicados en España: El manual sexual de Manuel Bartual (El Jueves, 2009), Consejos sexuales para chavalas y chavales (Astiberri, 2012) y Donde caben dos caben tres (Astiberri, 2013), el que os comentaba antes. Los dos últimos pueden encontrarse en librerías y en la web de la editorial: aquí y aquí.

/ Sin comentarios

Casi Salvador

El domingo pasado terminamos de grabar Salvador, un corto de verano con muy pocas palabras protagonizado por la gente que teníamos a mano. Han sido ocho sesiones de rodaje repartidas a lo largo de cinco días, en los ratos que las calores y el solazo nos permitían salir a la calle a grabar. Cuando esto no sucedía nos dedicábamos a poner a gente delante de lámparas que disfrazábamos de focos, o de focos escondidos tras papel de cocina para grabar las escenas de interiores. Todo muy entrañable y muy casero, muy familiar, muy de andar por casa.

Salvador es una historia de amor. Es también, en más de un sentido, lo más complejo que he grabado hasta la fecha, aunque si tenemos en cuenta que 85.12.30 era una conversación grabada exclusivamente con tres planos reconozco que esto que digo tampoco garantiza una sofisticación extrema. Vuelvo a Madrid con un buen montón de minutos de grabación, con la duda de si cuando todo esté ensamblado tendrá tan buena pinta como las imágenes que ya he podido ver en una pantalla y (atención: logro desbloqueado) con una foto mía señalando hacia el infinito con un actor a mi lado. Es una de las que podéis ver sobre estas líneas. Os aseguro que no es un posado: de haberlo sido habría procurado tener la cámara montada en el trípode, porque vaya manera de pasar a la posteridad. Más que dar precisas y meditadas instrucciones de actuación, casi parece que esté indicando dónde queda el pueblo más cercano.

/ 7 comentarios

Matando a María

Tengo que matar a María es un cortometraje protagonizado por Rocío León, Lorena Iglesias y (la voz de) Pedro Toro que escribí y dirigí en abril de 2012, apenas tres meses después de estrenar 85.12.30 en la décima edición de NotodoFilmFest. No es un dato gratuito, ya que en mi cabeza cada uno funciona como opuesto del otro. Me planteé la realización de Tengo que matar a María prácticamente como un ejercicio: si en 85.12.30 había grabado en interiores destacando el diálogo interpretado por los actores, para mi siguiente cortometraje decidí hacer lo justo lo contrario y dar con una idea que me obligase a grabar en exteriores y sin diálogos, apoyándome en una voz en off para narrar la historia. El resultado fue la breve pieza que puedes ver a continuación:

Para Tengo que matar a María se me ocurrió jugar con el fuera de campo (todo aquello que sucede en los márgenes externos al encuadre que vemos en pantalla, todo lo que el espectador supone que está allí aunque no se llegue a mostrar) y con un recurso narrativo clásico del suspense: el del asesino que sigue a su víctima, a la que vemos en escena a través de una suerte de planos subjetivos. La diferencia que planteé en mi historia es la que has podido ver en el cortometraje: quien presento como la víctima es en realidad el verdugo, y las acciones que la narración describe son las que realizan ambos (víctima y verdugo) en el transcurso de la historia.

Para que esta subversión de los códigos que el espectador ya tiene asimilados funcionase bien, opté por darle una duración breve al relato. Pensé que, tratándose de un cortometraje, no merecía la pena alargar demasiado una historia que se basaba en un engaño, cuya resolución consistía en descubrir la trampa que iba a plantear. A su vez, no dar apenas tiempo a que el espectador se acomodase en la historia podía tener un efecto positivo, al sorprenderle con un desenlace que aparece cuando apenas he terminado de colocar en su sitio las piezas de la historia. Con todo esto en mente escribí un guión, aboceté un storyboard (puedes descargar ambos desde aquí), contacté con los actores a los que decidí ofrecer los papeles correspondientes y unos días antes de la grabación salí con mi cámara a localizar exteriores.

Grabamos Tengo que matar a María en Madrid, en calles de mi barrio y en la azotea del Círculo de Bellas Artes. Bajábamos a la calle, Rocío se paseaba delante de la cámara, subíamos a mi casa para que se cambiara de ropa y volvíamos a bajar para continuar con el resto de planos. A diferencia de 85.12.30, donde todo era sonido directo, el 85% del audio de Tengo que matar a María está elaborado posteriormente, durante el montaje, utilizando diferentes bibliotecas de sonidos. Tan sólo los dos últimos planos cuentan con sonido real, registrado al mismo tiempo que grabábamos. Planifiqué el rodaje para solucionarlo en un par de tardes, pero finalmente tuvieron que ser tres ya que la primera vez que intentamos grabar el plano final teníamos a un helicóptero sobrevolando la zona y colando su tucu-tucu-tucu-tú en el audio. Cosas del directo.

Para la escena con la que cierra el cortometraje tuvimos que recurrir a la magia del cine, porque el portal por el que entran Lorena y Rocío es uno…

…pero su interior está localizado en otro edificio. Me gustaba este último para componer el plano, situar a Lorena revisando su correspondencia junto a los buzones y tener la puerta al fondo, con Rocío entrando por ella y pasando tras Lorena. El inconveniente de ese portal de cara a grabar el plano de la entrada era que presentaba dos problemas: se encuentra en una calle con una ligera pendiente que producía un efecto algo raro en cámara y parte de la fachada está pintada de un color demasiado llamativo, suficiente como para distraer la atención del espectador. La solución fue grabar la entrada en otro portal, que cuenta con una puerta muy similar a la del que utilizamos para el plano final, y disfrazar la puerta de este último. La diferencia más notable entre ambos era una placa metálica que cruzaba horizontalmente la puerta del primero, pero nada que no pudiéramos disimular con un par de trozos de cartulina negra en la puerta del segundo.

La escena con la que cierra Tengo que matar a María era originalmente más larga, pero acabé dejando fuera un par de planos en el montaje. Tras estampar a Lorena contra los buzones veíamos a Rocío ahogarla, y la frase con la que termina la historia se escuchaba sobre un contraplano de Rocío. He preparado un vídeo que incluye el final que ya has podido ver, ese otro final que estoy comentando y otra opción de montaje que llegué a valorar:

El FINAL 1 es, como digo, el que ya conoces si has visto el cortometraje. El problema del FINAL 2 era que algo me fallaba ahí, en el corte entre el plano con los buzones y aquel que le sigue, con Lorena siendo estrangulada por Rocío. Me gustaba mucho el siguiente plano, ese ligero contrapicado de Rocío (era, de hecho, mi plano favorito del corto), y creo que el cierre con “El disfraz ha funcionado” manteniendo a Rocío en pantalla funcionaba muy bien, pero decidí sacrificar este último par de planos en beneficio de un final más contundente. Creo que por mi formación como dibujante pequé de planificar la escena como una historieta: esta secuencia de planos, tal cual puedes verla en el FINAL 2, habría funcionado sin problemas en viñetas. El problema al trasladarla a imágenes en movimiento es que algo faltaba ahí, tal vez un plano más abierto de ambas cayendo al suelo o al menos las manos de Rocío entrando en plano cuando vemos a Lorena ya en el suelo. Valoré suprimir la caída con un corte a negro tal y como se puede ver en el FINAL 3, simulando una pérdida momentánea de la conciencia por parte del personaje de Lorena, pero habría necesitado una toma de ella abriendo los ojos (recobrando la conciencia) para que funcionase bien y no disponía de ninguna. En cualquier caso esto habría sido un error, ya que al narrar la historia desde el punto de vista del personaje de Rocío, no habría tenido ningún sentido cambiar ahí por un momento a otra narración subjetiva (el personaje de Lorena perdiendo el conocimiento) para a continuación volver al narrador original.

Días antes de grabar el cortometraje difundí a través de mi blog y en mis diferentes redes sociales el cartel de Tengo que matar a María. Decidí prolongar el engaño planteado en el propio cortometraje al cartel, mostrando allí lo que no llegamos a ver en escena: el verdadero aspecto del asesino. Para ello le pedí a mi amigo el periodista Héctor Garrido que me prestase su cara. Le saqué una foto, preparé a partir de ella el boceto que puedes ver a su lado, sobre estas líneas…

…y le pasé todo a David Sánchez, autor de novelas gráficas como Tú me has matado o No cambies nunca, responsable de los diseños de las camisetas Mong e ilustrador de muchas portadas de Errata Naturae. Sabía que David haría un buen trabajo, a la vista está.

Tengo que matar a María ha comenzado a dejarse ver por algunos festivales internacionales. La semana pasada se proyectó en la última edición del FICT (México) y en septiembre se podrá ver junto a 85.12.30 en Maipú Cortos 2012 (Argentina). Mientras tanto no he pasado demasiado tiempo con los brazos cruzados: poco después de grabar Tengo que matar a María improvisé con Carlos Vermut una visita a IKEA y ya tengo otro par de proyectos en marcha de los que por el momento prefiero no contar mucho: DESAFÍO FINAL 4, del que ya mostré su cartel hace unos días, y Salvador, un cortometraje que espero grabar la semana que viene en estas localizaciones. Si algo estoy comprobando este año es que una vez te pones detrás de una cámara resulta muy difícil no repetir la experiencia. Así que cuidado ahí fuera: ¡esto engancha!

Mis libros (Ver más)

  • libro0

    Sexorama. El manual sexual de Manuel Bartual

    El Jueves. Rústica.
    96 páginas. 2,50 euros

    En la historieta que hace las funciones de prólogo para este libro ya lo aviso: Sexorama. El manual sexual de Manuel Bartual es

    (Leer más)
  • libro2

    ¡Escucha esto!

    Astiberri. Cartoné.
    96 páginas. 16 euros

    Ser un fanático de la música nunca había sido tan sencillo, pero si el acceso a la música es ahora más fácil que nunca

    (Leer más)