Fluzo Manuel Bartual hace muchas cosas

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¡Caramba! Films + María

Dos cosas que han pasado esta semana: la primera, que he rediseñado la web de ¡Caramba! Films para dejarla como aquí arriba como podéis ver haciendo clic aquí. En ella tenéis todos los cortometrajes que he realizado a lo largo del último año. El protagonismo se lo lleva DESAFÍO FINAL, la saga de seis cortometrajes que he estrenado durante los últimos tres meses en Notodofilmfest.

La otra cosa que vengo a contar es que Tengo que matar a María es uno de los 15 finalistas de entre los más de 200 cortos presentados a TU TALENTO: CINE365 FILM. Entre estos 15 finalistas se elegirá a uno de sus directores para que dirija una película a partir de uno de los proyectos de guión que también han quedado finalistas en la convocatoria, un punto de partida que ya de por sí daría para una buena comedia de enredo.

De Tengo que matar a María hablé largo y tendido aquí, en una entrada de este mismo blog que es prácticamente un cómo se hizo del cortometraje.

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Matando a María

Tengo que matar a María es un cortometraje protagonizado por Rocío León, Lorena Iglesias y (la voz de) Pedro Toro que escribí y dirigí en abril de 2012, apenas tres meses después de estrenar 85.12.30 en la décima edición de NotodoFilmFest. No es un dato gratuito, ya que en mi cabeza cada uno funciona como opuesto del otro. Me planteé la realización de Tengo que matar a María prácticamente como un ejercicio: si en 85.12.30 había grabado en interiores destacando el diálogo interpretado por los actores, para mi siguiente cortometraje decidí hacer lo justo lo contrario y dar con una idea que me obligase a grabar en exteriores y sin diálogos, apoyándome en una voz en off para narrar la historia. El resultado fue la breve pieza que puedes ver a continuación:

Para Tengo que matar a María se me ocurrió jugar con el fuera de campo (todo aquello que sucede en los márgenes externos al encuadre que vemos en pantalla, todo lo que el espectador supone que está allí aunque no se llegue a mostrar) y con un recurso narrativo clásico del suspense: el del asesino que sigue a su víctima, a la que vemos en escena a través de una suerte de planos subjetivos. La diferencia que planteé en mi historia es la que has podido ver en el cortometraje: quien presento como la víctima es en realidad el verdugo, y las acciones que la narración describe son las que realizan ambos (víctima y verdugo) en el transcurso de la historia.

Para que esta subversión de los códigos que el espectador ya tiene asimilados funcionase bien, opté por darle una duración breve al relato. Pensé que, tratándose de un cortometraje, no merecía la pena alargar demasiado una historia que se basaba en un engaño, cuya resolución consistía en descubrir la trampa que iba a plantear. A su vez, no dar apenas tiempo a que el espectador se acomodase en la historia podía tener un efecto positivo, al sorprenderle con un desenlace que aparece cuando apenas he terminado de colocar en su sitio las piezas de la historia. Con todo esto en mente escribí un guión, aboceté un storyboard (puedes descargar ambos desde aquí), contacté con los actores a los que decidí ofrecer los papeles correspondientes y unos días antes de la grabación salí con mi cámara a localizar exteriores.

Grabamos Tengo que matar a María en Madrid, en calles de mi barrio y en la azotea del Círculo de Bellas Artes. Bajábamos a la calle, Rocío se paseaba delante de la cámara, subíamos a mi casa para que se cambiara de ropa y volvíamos a bajar para continuar con el resto de planos. A diferencia de 85.12.30, donde todo era sonido directo, el 85% del audio de Tengo que matar a María está elaborado posteriormente, durante el montaje, utilizando diferentes bibliotecas de sonidos. Tan sólo los dos últimos planos cuentan con sonido real, registrado al mismo tiempo que grabábamos. Planifiqué el rodaje para solucionarlo en un par de tardes, pero finalmente tuvieron que ser tres ya que la primera vez que intentamos grabar el plano final teníamos a un helicóptero sobrevolando la zona y colando su tucu-tucu-tucu-tú en el audio. Cosas del directo.

Para la escena con la que cierra el cortometraje tuvimos que recurrir a la magia del cine, porque el portal por el que entran Lorena y Rocío es uno…

…pero su interior está localizado en otro edificio. Me gustaba este último para componer el plano, situar a Lorena revisando su correspondencia junto a los buzones y tener la puerta al fondo, con Rocío entrando por ella y pasando tras Lorena. El inconveniente de ese portal de cara a grabar el plano de la entrada era que presentaba dos problemas: se encuentra en una calle con una ligera pendiente que producía un efecto algo raro en cámara y parte de la fachada está pintada de un color demasiado llamativo, suficiente como para distraer la atención del espectador. La solución fue grabar la entrada en otro portal, que cuenta con una puerta muy similar a la del que utilizamos para el plano final, y disfrazar la puerta de este último. La diferencia más notable entre ambos era una placa metálica que cruzaba horizontalmente la puerta del primero, pero nada que no pudiéramos disimular con un par de trozos de cartulina negra en la puerta del segundo.

La escena con la que cierra Tengo que matar a María era originalmente más larga, pero acabé dejando fuera un par de planos en el montaje. Tras estampar a Lorena contra los buzones veíamos a Rocío ahogarla, y la frase con la que termina la historia se escuchaba sobre un contraplano de Rocío. He preparado un vídeo que incluye el final que ya has podido ver, ese otro final que estoy comentando y otra opción de montaje que llegué a valorar:

El FINAL 1 es, como digo, el que ya conoces si has visto el cortometraje. El problema del FINAL 2 era que algo me fallaba ahí, en el corte entre el plano con los buzones y aquel que le sigue, con Lorena siendo estrangulada por Rocío. Me gustaba mucho el siguiente plano, ese ligero contrapicado de Rocío (era, de hecho, mi plano favorito del corto), y creo que el cierre con “El disfraz ha funcionado” manteniendo a Rocío en pantalla funcionaba muy bien, pero decidí sacrificar este último par de planos en beneficio de un final más contundente. Creo que por mi formación como dibujante pequé de planificar la escena como una historieta: esta secuencia de planos, tal cual puedes verla en el FINAL 2, habría funcionado sin problemas en viñetas. El problema al trasladarla a imágenes en movimiento es que algo faltaba ahí, tal vez un plano más abierto de ambas cayendo al suelo o al menos las manos de Rocío entrando en plano cuando vemos a Lorena ya en el suelo. Valoré suprimir la caída con un corte a negro tal y como se puede ver en el FINAL 3, simulando una pérdida momentánea de la conciencia por parte del personaje de Lorena, pero habría necesitado una toma de ella abriendo los ojos (recobrando la conciencia) para que funcionase bien y no disponía de ninguna. En cualquier caso esto habría sido un error, ya que al narrar la historia desde el punto de vista del personaje de Rocío, no habría tenido ningún sentido cambiar ahí por un momento a otra narración subjetiva (el personaje de Lorena perdiendo el conocimiento) para a continuación volver al narrador original.

Días antes de grabar el cortometraje difundí a través de mi blog y en mis diferentes redes sociales el cartel de Tengo que matar a María. Decidí prolongar el engaño planteado en el propio cortometraje al cartel, mostrando allí lo que no llegamos a ver en escena: el verdadero aspecto del asesino. Para ello le pedí a mi amigo el periodista Héctor Garrido que me prestase su cara. Le saqué una foto, preparé a partir de ella el boceto que puedes ver a su lado, sobre estas líneas…

…y le pasé todo a David Sánchez, autor de novelas gráficas como Tú me has matado o No cambies nunca, responsable de los diseños de las camisetas Mong e ilustrador de muchas portadas de Errata Naturae. Sabía que David haría un buen trabajo, a la vista está.

Tengo que matar a María ha comenzado a dejarse ver por algunos festivales internacionales. La semana pasada se proyectó en la última edición del FICT (México) y en septiembre se podrá ver junto a 85.12.30 en Maipú Cortos 2012 (Argentina). Mientras tanto no he pasado demasiado tiempo con los brazos cruzados: poco después de grabar Tengo que matar a María improvisé con Carlos Vermut una visita a IKEA y ya tengo otro par de proyectos en marcha de los que por el momento prefiero no contar mucho: DESAFÍO FINAL 4, del que ya mostré su cartel hace unos días, y Salvador, un cortometraje que espero grabar la semana que viene en estas localizaciones. Si algo estoy comprobando este año es que una vez te pones detrás de una cámara resulta muy difícil no repetir la experiencia. Así que cuidado ahí fuera: ¡esto engancha!

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Tengo que matar a María

Después de 85.12.30 me apetecía escribir y dirigir una historia con diferente tono, localizada en exteriores y sin diálogo entre personajes. El resultado lo podéis ver aquí arriba y se titula Tengo que matar a María, un cortometraje que no existiría sin la ayuda de Rocío León (a quien podéis ver en pantalla grande este mismo fin de semana en los dos pases de Diamond Flash), Lorena Iglesias (acabo de darme cuenta de que Tengo que matar a María podría ser perfectamente una precuela de su Brindis con abejas) y Pedro Toro (quien no es la primera vez que me presta su voz).

Los agradecimientos van para Óscar Palmer por traducir los textos al inglés, para Héctor Garrido por ceder su cara para el cartel que dibujó David Sánchez, para Carlos Vermut por prestarme su juego de llaves, para el Paco Alcázar músico que me echó una mano con un sonido que finalmente no incluí (¡pero que me guardo para otra ocasión!), para Xabi Tolosa por ponerme en contacto con Lorena y para Christian Osuna, que me descubrió la azotea del Círculo de Bellas Artes de Madrid poco antes de que me decidiera a matar a María. Y sobre todo a Alba Diethelm, por ser la mejor ayudante de dirección del mundo aunque ella prefiera el título de obstáculo de dirección.

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Grabando a María

Ayer estuvimos grabando unos cuantos planos de mi próximo cortometraje, que se titula Tengo que matar a María y que, a diferencia de 85.12.30, transcurre todo en exteriores. Fueron menos planos de los que había previsto porque tuvimos a un helicóptero dándose un incansable garbeo sobre nuestras cabezas, y colando su tucutucutucutú en el audio. Yo te maldigo, helicóptero. Si querías un papel en el corto tan sólo tenías que haberlo pedido. Educadamente.

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